viernes, 5 de agosto de 2011

[Publicacón No2] Desarrollo Histórico de la Educación Popular_

Artículos
Educación Popular y la formación de Educadores Populares
Autores corporativos:
Consejo de Educación de Adultos de América Latina (canal; responsable)

Descripción
Lugar:
Ciudad de Panamá (Panamá)
Fecha:
2009
Entradilla:
Este artículo es una invitación y provocación a desarrollar el debate y reflexión sobre nuestras prácticas de educación popular y de formación de educadores populares, en la perspectiva de fortalecer el movimiento de la educación popular que dé respuesta a los retos y desafíos y contribuya más efectivamente en los cambios y transformaciones sociales de nuestro continente.

En el artículo se parte de reconocer la educación popular como un acumulado de prácticas y saber sobre la educación con sectores populares y procesos de cambio y transformación social. Igualmente ubica unos elementos claves de comprensión y entendimiento de la educación popular, para reflexionar sobre lo pedagógico y reconociéndolo como saber específico, invita a debatir las experiencias y prácticas de formación de educadores y educadoras populares.
URL:
http://ceaal.org/images/stories/La%20Piragua%2030(2).pdf
Publicado en:
Gloobalhoy nº21 ; La Piragua
Secciones GloobalHoy:
032- Educaciónpara-tod@s
Notas:
Publicado en Revista Latinoamericana de Educación Popular Política. Nº 30 III/2009. Educación Popular: Recreándola en nuestros tiempos
Clasificación
Escenarios:
Internacional
Descriptores:
Educación ; Educación popular ; FIDC
Regiones:
América Latina ; Caribe
Documento

 Índice:
     1. Educación popular: Acumulado de prácticas y saber sobre la educación con sectores sociales
     2. Elementos claves en la educación popular
     3. Lo pedagógico en la educación popular
     4. Bibliografía
1. Educación popular: Acumulado de prácticas y saber sobre la educación con sectores sociales
En las cuatro últimas décadas del siglo XX resurge la educación popular como corriente de pensamiento y acción educativa en América Latina, que desde una opción por los pobres y excluidos, contribuye a la formación de actores sociales y sujetos políticos capaces de transformar su vida, comunidad y sociedad.

Corriente educativa que reivindica la opción política del educador y de la educación, con el fin de hacer a los hombres y mujeres conscientes de la dominación y explotación, “educando no para leer historias enajenadas o enajenantes sino para hacer historia y ser hecho por ella”,[1] para transformar la sociedad hacia relaciones de equidad y justicia social.

Señalar que la educación popular resurge en la década de los sesenta, parte de reconocer la coincidencia de muchos autores cuando al referirse a la educación popular señalan como hito significativo, la emergencia de la propuesta de Paulo Freire, a comienzos de los sesenta, cuando en Pernambuco trabaja con proyectos de alfabetización y educación de adultos y sintetiza visiones filosóficas humanistas, propuestas pedagógicas que circulaban en Brasil y una opción política comprometida con la crítica de la sociedad capitalista como reproductora de dominación y explotación del hombre, como lo escribe Adriana Puigrós:

“Efectivamente, antes de la formulación escrita de las ideas de Freire y su posterior encumbramiento, existían evidentes signos de prefiguración del modelo de la educación popular. Más no era aún una proposición orgánica e integral. No era, todavía, strictu sensu, un modelo. Todo parece indicar que fue Freire, y la discusión que en torno a su obra (la tangible y la escrita) se dio, el factor que más contribuyó a la amplificación de las posibilidades de expansión del modelo emergente” (1984).

Puigrós ha rastreado antecedentes de la educación popular en las luchas populares y pensadores latinoamericanos como Simón Rodríguez, (Venezuela), Aníbal Ponce (Argentina), Carlos Mariátegui (Perú), José Martí (Cuba), y Paulo Freire (Brasil); Marco Raúl Mejía (2003) enfatiza que existen antecedentes claros de la emergencia de la educación popular en diferentes períodos de la historia de la humanidad y de la educación, y Juan Bautista de la Salle y en las discusiones de la Asamblea Francesa, que definió la noción de escuela única, laica y gratuita, en el intento de dar educación a todos, como base para la construcción de igualdad social.[2]

Señala Mejía, la existencia de tres troncos históricos que contribuirán a construir la educación popular en el continente:


  1. Pensadores de las luchas de independencia. Considera que es cuando más se habla de educación popular; acota que Simón Rodríguez, Domingo Faustino Sarmiento y José Martí son los más destacados[3].
  2. Las Universidades populares. El segundo tronco histórico, propuesto por Mejía, menciona los intentos de construcción de las Universidades Populares en la primera mitad del siglo XX en América Latina, destacando las de Perú, El Salvador y México.
  3. Las experiencias latinoamericanas de transformación de la escuela, para colocarla al habría un continuo de prácticas que harían posible la investigación para reconstruir las comprensiones, significaciones y los aportes que hace a la historia de la educación y la pedagogía, y el resurgir de la educación popular tendría a Paulo Freire, como el principal sistematizador de su pensamiento político- pedagógico.


Mejía sitúa los primeros antecedentes en la reforma protestante, cuando se reclama el acceso universal a la educación escolarizada para que todos los fieles, sin distingos de lugar u origen, accedieran a las sagradas escrituras y por esa vía fueran instruidos en la fe religiosa. También en el ideario de San servicio de los más desprotegidos de la sociedad señala, la experiencia de la Escuela Ayllu en Bolivia y del movimiento Fe y Alegría, que se propone construir una escuela desde la educación popular integral.

Siguiendo este hilo de pensamiento, la educación popular surge históricamente cuando condiciones ideológicas, políticas y pedagógicas, hacen necesaria la aparición de modalidades de trabajo con clases populares, en el campo específico de las relaciones que envuelven el saber y el conocimiento, que contribuyen a dinamizar procesos de cambio y transformación en las sociedades.

En América Latina, los 60 marcan un período de ebullición política y social. El triunfo de la revolución cubana estimula el surgimiento y desarrollo de movimientos y grupos que retoman el debate sobre las posibilidades del cambio, las formas de sociedad distinta y las estrategias de transformación social como eje central de actividad política; se debate sobre el proyecto educativo coherente con la visión de cambio social y que será el que constituye la educación popular. Al tiempo que se amplía el debate antiimperialista y las luchas de liberación, las élites diseñaron estrategias de reforma agraria y modernización de los estados, como salida a la situación planteada en varios países del continente.

Hay coincidencias entre autores al señalar que la educación popular se ha construido “al calor” de las dinámicas sociales y políticas que se han desarrollado en medio del debate antiimperialista, desde intelectuales que asumen posturas críticas y plantean la superación del subdesarrollo, la pobreza y el atraso; las corrientes de la Teología de la Liberación y las Comunidades Eclesiales de Base que dinamizan procesos de educación comunitaria y obrera, los grupos de intelectuales que reivindicando el saber de grupos populares, campesinos e indígenas como producto de su propia cultura, construyeron prácticas de educación popular a través de la investigación - acción como método que permite conocer, problematizar la realidad y organizar la acción de las comunidades para transformarla, cuyo principal exponente fue Orlando Fals Borda.

También se señalan los procesos de organización y participación de la sociedad civil, las movilizaciones de sectores campesinos, de trabajadores sindicalizados, el re-descubrimiento y valoración cultural de las poblaciones indígenas, de las organizaciones de mujeres y de jóvenes, el desarrollo de movimientos de resistencia y lucha contra los regímenes militares, en defensa de los derechos humanos y la paz, las dinámicas ambientales, los grupos de LGTB, y los movimientos altermundistas. En otras palabras, la educación popular se ha construido al calor de las luchas populares y el desarrollo de los nuevos movimientos sociales en los finales del siglo XX y en los comienzos del XXI.

Igualmente hay coincidencias al reconocer que en la educación popular confluyen corrientes de educación de adultos desde la alfabetización y la formación profesional, las prácticas de educación comunitaria y de capacitación técnica campesina a través de procesos no formales y con el mundo adulto. Los movimientos de cultura, especialmente Nueva Cultura[4], en el cual convergen diversas experiencias del trabajo popular cultural, grupos cristianos de base, las izquierdas latinoamericanas, sectores de la academia y la educación formal, las minorías étnicas, de generaciones, de género y las opciones sexuales, que la han enriquecido, que aportan prácticas educativas, énfasis, y comprensiones de la educación popular, contribuyendo a hacer de ésta, un campo de saber, plural, diverso, múltiple y opuesto a la unanimidad y que se reinventa en cada práctica que la constituye.

En este período la educación popular se afirma como una corriente de pensamiento y acción educativa, que se constituye y desarrolla a partir de sus propios procesos y prácticas, que expresan y determinan las maneras como se concibe, se entiende y asume, afirmándose como un campo plural y diverso en permanente construcción, abierto a los aportes, énfasis y reflexiones de las corrientes que la conforman, entendiendo que como lo planteo Freire:

“...una misma comprensión de la práctica educativa, una misma metodología de trabajo no opera necesariamente en forma idéntica en contextos diferentes. La intervención es histórica, es cultural, es política. Por eso insisto tanto en que las experiencias no se pueden trasplantar y es preciso reinventarlas”.[5]

Al trabajo de sistematización y reflexión de la diversidad de prácticas y experiencias, la discusión en los seminarios, encuentros y asambleas regionales y latinoamericanas promovidas por el CEAAL, la producción de la Piragua y la publicación en la Web, se suma la producción de investigadores y educadores populares en América latina. Esto permiten afirmar que la educación popular se configura como un campo de saber teórico y práctico que opera en el mundo de los saberes y conocimientos, en el mundo de las relaciones sociales y de poder en las cuales se dan los procesos educativos, para construir en el mundo las dinámicas de las organizaciones y movimientos sociales del continente.




NOTAS:
  1. ® CEAAL. El Momento de La Educación Popular en América Latina. Documento preparatorio de la V Asamblea General, marzo del 2000.

  2. ® MEJÍA, Marco Raúl y AWAD Myriam Inés, Educación popular hoy, en tiempos de globalización. Ediciones Aurora, Bogotá, mayo 2003. Pág. 30.

  3. ® Rodríguez Brandao en el texto la Educación Popular en América Latina (1989), se refiere a este período señalan- do que educación popular significó, entonces, la extensión del derecho y del deber de aprender las reglas y los conceptos fundamentales de la producción de ciudadanía a los niños y adolescentes de los sectores populares y de grupos étnicos dominados. La escuela pública y la enseñanza universal estuvieron asociadas a una esperanza: En que una Educación pedagógicamente equivalente y socialmente igualitaria, gratuita, y en varios países obligatoria por lo menos en el nivel básico, pudiera coexistir con el poder del conocimiento, las desigualdades sociales ocasionadas por las relaciones entre grupos y clases.

  4. ® Según Rodríguez Brandao (1989), alrededor de este movimiento está el origen de la educación popular al señalar que en su inicio, la educación popular, fue entendida como cultura popular.

  5. ® Freire. Política y Educación. Madrid. Siglo XXI. 1997. P.53.

2. Elementos claves en la educación popular
De la reflexión desarrollada en los últimos años se identifican algunas “claves”, que le permiten a la educación popular constituirse como tal en las prácticas educativas que desarrolla:


  • Es acción política histórica, en tanto que genera conciencia en los sujetos acerca de sí mismos, del mundo y de los demás hombres, se inserta en una conciencia histórica, que en cada época es diferente en tanto existan diversas maneras de encarar y transformar el mundo, del modo en que se dan las relaciones entre los hombres y el propio valor que la persona humana tiene en cada sociedad.

  • La educación popular comporta una doble intencionalidad: En primer lugar, aporta a la apropiación y aprendizaje de conocimientos, capacidades y habilidades de los sujetos y grupos sociales para analizar críticamente su realidad y comprender cómo operan los mecanismos de dominación, explotación y exclusión, para hacer conciencia de sus intereses colectivos y construir alternativas de solución a las problemáticas que les afectan. Potencia la capacidad en los sujetos y grupos para elaborar sus propuestas de transformación de la realidad social, o como lo plantea Freire:

    “educación popular es la que jamás separa la enseñanza de los contenidos del desvelamiento de la realidad. Es la que estimula la presencia organizada de las clases sociales populares en la lucha a favor de la transformación democrática de la sociedad, en el sentido de la superación de las injusticias sociales”. [6]


En segundo lugar, reflexiona y organiza las maneras de implementar las estrategias y acciones de cambio y transformación de la realidad, construye maneras de actuación colectiva que se constituyen en nuevas prácticas sociales de los sujetos y grupos populares, “En la comprensión de la historia como posibilidad, el mañana es problemático, para que acontezca es necesario que lo construyamos mediante la transformación del hoy. Hay posibilidades para diferentes “mañanas”.[7]

En consecuencia, la educación popular se reta a producir conocimiento desde los sujetos, sobre la realidad que viven y las maneras de asumir su transformación, reconociendo a los sujetos como actores de cambio en su propio entorno y que las acciones que emprenden expresan sus visiones, representaciones y significaciones que hacen de su propia realidad, desde la perspectiva de sus necesidades e intereses.


  • Se propone construir un saber-hacer que es a la vez, conocimientos, saberes, relaciones sociales y expresiones de dominación, alineación y resistencia frente a las manifestaciones de poder en las cuales están insertos los sujetos y grupos populares, en tanto, “es imposible pensar, en la superación de la opresión, sin, primero, una comprensión crítica de la historia en la cual esas relaciones interculturales se dan en forma dialéctica y por eso mismo, contradictoria y procesal. Segundo, sin proyectos de naturaleza político-pedagógica en el sentido de la transformación y reinvención del mundo”.[8]

  • Al ser práctica y acción educativa, concurren cuatro componentes para constituirse como tal: Primero, la participación de sujetos que expresan diferentes saberes, vivencias y experiencias, a la vez que expresan distintas comprensiones de mundo y de sentido, producto de los intereses que comportan y que son fundamentales para ser puestos y expuestos en un diálogo hacia la construcción de nuevo conocimiento, o como lo postula Freire, “el encuentro del sujeto que enseñando aprende y el sujeto que aprendiendo enseña. Es decir, en encuentro del educador y del educando”.[9]


En segundo lugar, claridad sobre los objetivos mediatos e inmediatos hacia los cuales se orienta la práctica educativa significa que entre los sujetos se negocia, se concertan los objetivos y propósitos de la acción educativa para configurar una visión compartida y conjunta del sentido que tiene la práctica y que define los roles de cada sujeto, permitiendo como lo propone Freire, “que el educador asuma en forma ética, que su sueño es político y eso plantea al educador el imperativo de decidir, y por consiguiente de romper y de optar, por tareas de sujeto participante y no de para configurar una visión compartida y conjunta del sentido que tiene la práctica y que define los roles de cada sujeto permitiendo como lo propone Freire, “que el educador asuma en forma ética, que su sueño es político y eso plantea al educador el imperativo de decidir, y por consiguiente de romper y de optar, por tareas de sujeto participante y no de objeto manipulado”[10].

En tercer lugar, la existencia de objetos de conocimiento, saberes, técnicas, metodologías, actitudes, valores a ser enseñados por el educador y ‘aprehendidos’ por los educandos para que puedan aprenderlos, que potencian la capacidad de los sujetos para comprender su realidad, “soñar” la transformación desde sus intereses y reorganizar su hacer en el mundo cotidiano, en ese sentido, los contenidos precisan el saber, el hacer y el saber-hacer que se quiere potenciar como nueva praxis social y política del sujeto que se educa.

En cuarto lugar, se necesita de métodos, procesos, técnicas de enseñanza y materiales didácticos que deben estar en coherencia con los objetivos, con la opción política, con la utopía, con el sueño que impregna el proyecto pedagógico y que permiten el desarrollo de las actividades y experiencias de aprendizaje de los sujetos participantes, posibilitan el logro de los objetivos propuestos y el desarrollo de acciones e interacciones sociales y pedagógicas entre el educador y el educando.


  • La educación es un proceso permanente, que no se reduce a una etapa particular de la vida, tampoco a procesos de escolarización ni al espacio de la escuela formal. Vincula al sujeto con todos los espacios de vida, en los cuales construye sentido y significados de vida, en tanto concibe al hombre como un ser en permanente cambio, educable a lo largo de la vida y por tanto valida la organización de espacios educativos donde los seres humanos y los grupos sociales se empoderen para transformar sus realidades, en consecuencia, “la educación es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo”.[11]

  • Encarna un profundo sentido ético de compromiso con la superación de la exclusión, la marginalidad, las inequidades e injusticias sociales, potencia al sujeto que está en permanente construcción como sujeto mismo, como gestor de propuestas de vida comprometido con la acción transformadora. “La lucha no se reduce a retrasar lo que acontecerá o asegurar su llegada; es preciso reinventar el mundo. La educación es indispensable en esta reinvención”.[12]

  • La cultura inserta significados, sentidos y representaciones simbólicas de los sujetos, que expresan su propia comprensión del mundo y desde los cuales establecen su relación con la naturaleza y los seres humanos, y que hoy expresan otros modos y otras maneras de hacer. Así, el reconocimiento y derecho a la identidad, el debate en torno a las políticas de género y el derecho a la diferencia sexual, la reivindicación de niños, niñas, jóvenes, mujeres y etnias, expresan esas maneras desde otros lugares. Hoy no es posible organizar programas de acción político-pedagógica sin tomar seriamente en cuenta las culturas y las resistencias de los sectores populares.

  • El diálogo y negociación de saberes, reconoce y valora los diferentes conocimientos cotidianos y científicos, y genera procesos de diferenciación y autoafirmación en razón de su aplicación, utilidad y pertinencia en la vida concreta de los sujetos, al reconocer las culturas populares promueve el dialogo intercultural, la confrontación y negociación hacia la construcción de nuevos conocimientos con significado en la cultura de los sujetos y grupos populares que permitan reorganizar la acción transformadora de la realidad social.



NOTAS:
  1. ® Freire. Op. Cit. P. 112.

  2. ® Freire. A la sombra de este árbol, Barcelona, El Roure, España, 1998, p. 50.

  3. ® Freire. Ibídem, Página 36.

  4. ® Freire. Cartas a quien quiere enseñar, Madrid, Siglo XXI, 1997. P.28.

  5. ® Freire. Educación y Política, Madrid, Siglo XXI, 1997. P.76.

  6. ® Freire. La educación como práctica de la libertad. Madrid, Siglo XXI, 46ª edición, 1998, p. 7.

  7. ® Ibíd. p. 50.


3. Lo pedagógico en la educación popular
La educación popular se la juega en las relaciones sociales y de poder en la esfera del saber y el conocimiento; se constituye a través de su propia práctica y de la reflexión sobre ella, que determina la manera como se asume y se entiende así misma, y la manera como se ‘inserta’ en las dinámicas de los sectores sociales.

En ese sentido, la reflexión sobre la educación y sobre el quehacer educativo y la explicación sobre su propia práctica es la que construye su sentido y comprensión de lo pedagógico en la educación popular.

En consecuencia, la comprensión pedagógica se constituye en saber práctico teórico producido en la reflexión e investigación de la práctica educativa y de las relaciones que se construyen en las mismas prácticas, en los distintos espacios, contextos culturales y con los diversos sujetos.

Lo pedagógico busca orientar la práctica educativa para que responda a su intencionalidad de transformación de la sociedad y la cultura, por tanto no se entiende como procedimiento de instrucción, de saber enseñar, de métodos para garantizar el logro de objetivos en procesos de aprendizaje, o de intervenciones sobre el conocimiento, es entender lo educativo como parte de un proyecto Político y Cultural de transformación de la sociedad.

Al potenciar al sujeto para comprender y transformar su realidad, implica que acompaña a sujetos y grupos populares en su acción transformadora, por tanto la educación popular no existe sin la acción sobre la realidad y sin procesos de organización y de acción colectiva de los sujetos populares. En esa perspectiva elabora sus prácticas y métodos desde las realidades, contextos y sujetos con que se desarrolla, porque no hay espacios ni métodos únicos en la educación popular.

Lo anterior supone, para quienes nos reivindicamos como entidades de educación popular, un gran desafío. Formar a las personas que acompañan y orientan los procesos de educación popular, para que reflexionen continuamente sobre sus prácticas para aprender de ellas, a fin de introducir los cambios necesarios y construir el saber pedagógico que les permite ser y constituirse en educadores populares.

En los procesos educativos que adelantan nuestras instituciones, intervienen personas formadas en diferentes áreas del saber: economía, administración de empresas, agronomía, psicología, trabajo social, sociología, educadores, ingenieros, profesionales de la medicina, comunicación social, entre otros, algunos con especializaciones y maestrías, quienes se asumen como profesionales comprometidos con las causas populares, pero no se definen como educadores(as) populares y que en su gran mayoría no han tenido formación pedagógica, lo cual evidencia un problema estratégico en el desarrollo de nuestros procesos y prácticas educativas.

Si además, reconocemos que los procesos de inducción y formación en nuestras instituciones, no son sistemáticos ni rigurosos, que tenemos debilidades en los procesos de evaluación y sistematización de las prácticas educativas, que la reflexión pedagógica es débil, tendremos que aceptar y reconocer que hemos descuidado un eje estratégico para la constitución de nuestras prácticas de educación popular.

No basta que sean buenos profesionales, que se sientan y estén comprometidos con las causas populares y que posean una alta capacidad de trabajo. Es necesario que haya formación y reflexión sobre el quehacer educativo y que el propio hacer lo piensen y organicen desde una perspectiva pedagógica.

Es necesario asumir, como prioridad, la tarea de formar y potenciar a líderes de procesos sociales y a profesionales de las instituciones, como educadores y educadoras populares comprometidos con la transformación de la realidad social, que se empeñen en superar las injusticias y desigualdades de la sociedad, que estén preparados para liderar los procesos de organización y acción colectiva de comunidades, que se identifiquen con su rol de educador(a) y que piensen, organicen y reflexionen su acción desde el proyecto Político – Pedagógico y Cultural de nueva sociedad.

Es necesario retomar la discusión sobre la formación de educadoras y educadores populares, que podría construirse a partir de cuatro ejes básicos: i). El compromiso ético y político y la construcción de identidad del educador(a); ii). La formación política y la capacidad de comprensión de la realidad local y global; iii). La formación para construir el sentido de lo educativo y lo pedagógico y apropiar el saber teórico práctico construido en la educación popular; y, iv). Las capacidades y actitudes de investigación, reflexión y aprendizaje permanente, como ejes claves y componentes de la formación de educadores y educadoras populares.

También es importante que en los procesos de formación de educadores(as) populares, se discuta sobre los retos y desafíos de la educación popular en América Latina, como posibilidad de reflexionar colectivamente sobre las nuevas expresiones de los movimientos sociales latinoamericanos; la interculturalidad y la construcción de visiones compartidas y de actuación colectiva; la construcción de paradigmas emancipatorios y los referentes políticos de nuestra acción; los cambios políticos necesarios para “afectar” las políticas macroeconómicas y avanzar en la construcción de democracia; las nuevas formas de organización de la economía para la vida y la sostenibilidad de la naturaleza; el reto que significa la incorporación de las nuevas tecnologías de la información y comunicación en nuestra práctica educativa; la construcción de una cultura de derechos humanos, paz y no violencia; entre otros, y que hoy son temas fundamentales en la comprensión de las nuevas realidades y la clarificación de las apuestas de la educación popular ante los nuevos tiempos.

En esa perspectiva, realizar el inventario de las experiencias y prácticas de formación de educadores(as) y de las reflexiones y elaboraciones sobre la formación de educadores(as), que han desarrollado los afiliados(as) del CEAAL, se constituye en una tarea importante para reconocer los caminos recorridos y encontrar nuevas maneras de avanzar colectivamente.

Las nuevas tecnologías permiten construir cursos virtuales sobre educación popular y pedagogía para la formación de educadores(as) populares, creo que permitirían al CEAAL aunar esfuerzos, capacidades y potencialidades en la perspectiva de dinamizar, a nivel latinoamericano, la formación de educadores(as) populares, y sobre todo, de recuperar y circular el saber construido y acumulado desde nuestras prácticas.

Lo anterior no obvia para que cada entidad y colectivo nacional se interroguen por las maneras de afrontar el reto de potenciar la formación, la reflexión pedagógica, la sistematización de las prácticas de educación popular y de formar educadores(as), que les permita construir su propio saber sobre la educación que realizan con sectores populares.


4. Bibliografía

  • CEAAL. Metodología de la educación popular. Colectivo CEAAL Colombia, Bogotá, noviembre de 1998.

  • CONDE, Prada Alfonso. Herramientas de educación popular. Hacia una práctica educativa por la paz, la democracia, los derechos humanos y el desarrollo. Bucaramanga: Corporación Compromiso, junio de 2003.

  • FREIRE, Paulo, a la sombra de este árbol. Barcelona: España. Editorial El Roure, primera edición en español. 1997. Traducción de Agustín Requejo Osorio.

  • Pedagogía de la autonomía. Saberes necesarios para la práctica educativa. Madrid: España, Siglo XXI editores, primera edición en español, 1997. Traducción de Guillermo Palacios.

  • Política y educación. Madrid: España, Siglo XXI edi- tores, Segunda edición en español 1997, Traducción de Stella Mastrangelo.

  • La naturaleza política de la educación. Cultura, Poder y Liberación. Barcelona: España, Ediciones Piados, 1° edición 1990, Traducción de Silvia Horvath.

  • GADOTTI, M. Educacao popular: utopía latinoamericana. Sao Paulo: Cortés, Editora Edusp. 1994.

  • MEJÍA Marco Raúl y AWAD Myriam. Educación popular hoy en tiempos de globalización. Bogotá: Ediciones Aurora, mayo de 2003.

  • NÚÑEZ, Hurtado Carlos. Reflexiones sobre la educación po- pular ante el siglo XXI. Contexto cultural y socio-educativo de la educación social. Congreso internacional sobre educación social organizado por la Universidad de Sevilla, España: septiembre del 2000.

  • PUIGGRÓS, A. La educación popular en América Latina: orígenes, polémicas y perspectivas. México D.F:, Edi- torial Nueva Imagen, 1988.

  • OSORIO, Jorge y otros. Nuestras prácticas, perfil y perspectivas de la formación de educadores populares en América Latina. CEAAL, México: Editorial IMDEC, 1993.

  • RODRÍGUEZ, Brandao Carlos. La educación popular en América Latina. Quito: Ecuador. CEDEP. 1989.

  • TORRES Alfonso. Discursos, prácticas y actores de la educación popular en Colombia en la década de los ochenta. Santafé de Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional, 1996.
FUENTE: http://www.gloobal.net/iepala/gloobal/fichas/ficha.php?id=10211&entidad=Textos&html=1